¿Mi hijo podría tener discalculia o algún otro trastorno que le impida aprender matemáticas?

20 de Julio del 2023

Equipo Sapienty

Si tu hijo o hija no ha logrado obtener resultados satisfactorios en matemáticas y te preocupa que pueda ser por algún padecimiento como la discalculia, este artículo es para ti. 

 

¡Ah, las matemáticas! ¡Cuán bellas, relajantes o inspiradoras pueden ser para algunos! ¡Cuán estresantes, abrumadoras o inaccesibles pueden ser para otros! Esto es un hecho: todos somos diferentes. Algunas personas nada más ver un balón de fútbol comienzan a acariciarlo con sus pies con increíble destreza, mientras que otras, por más que lo intentan, no pueden hacer más que patearlo. Y aunque sabemos que esto es normal y que la diversidad hace la riqueza, no es lo mismo no ser tan bueno para jugar futbol que para sumar, restar o cualquiera de aquellas herramientas tan elementales para la vida que nos proporcionan las matemáticas. Si uno no sabe bailar simplemente se queda sentado o tamborilea con los pies, pero si uno no sabe sumar ¿qué hacer? 

 

En Sapienty nos apasiona este reto y después de haber trabajado con cientos de alumnos te tenemos muy buenas noticias: lo más probable es que tu hijo no tenga ningún impedimento que no se pueda solventar con paciencia, orden y trabajo constante. Pues de acuerdo con Ortiz (2020) únicamente entre el 5 y el 7 % de la población infantil padece discalculia. Pero aunque la probabilidad sea muy baja, esto no significa que no sea posible. Para estar seguros primero tenemos que descartar todas aquellas otras causas que pudieran estar obstaculizando el aprendizaje de tu hijo. A continuación, compartimos una lista de las principales razones por las que hemos observado que el desarrollo de nuestros estudiantes se ve mermado, así como algunas recomendaciones para trabajar con ellas:

 

1. Metodología de enseñanza 🏫. 

 


Esta imagen es la analogía perfecta para representar el principal problema contra el que nos enfrentamos: la incapacidad de la educación tradicional para atender las necesidades de cada uno de los estudiantes. Pues para un solo profesor es muy complejo lograr enseñar de todas las formas que los alumnos de un salón de clases necesitan. Como seguramente pasaría en un grupo como el de la imagen, para cuando el pajarito ya comprendió como agitar sus alas y el mono como escalar las ramas, el tiempo de la sesión se terminó y el pobre elefante no entendió ni siquiera cuál era el objetivo. 

 

Si tu hijo se quedó como el elefante 🐘, sin entender muy bien qué era lo que tenía que hacer, lo más recomendable sería darle apoyo extra: puede ser desde hablar con el profesor para que le preste más atención, ayudarlo tú mismo o buscar clases por las tardes para reforzar su aprendizaje.   

 

2. Sentimientos hacia el aprendizaje de las matemáticas 💔. 

 

Pero la situación del elefante no estuvo tan difícil. Después de algunas clases extra el profesor le ayudó a comprender que aunque él no puede volar ni trepar sí que puede alzarse más alto y alcanzar la cima con su larga trompa. Ahora la atención del maestro se desvía hacía el pingüino, pero cuando trata de enseñarle él parece no escucharlo. Y es que después de clase tras clase tratando sin éxito de agitar sus alas como el pajarito y escuchar las burlas de sus compañeros, llegó a la conclusión de que debe de haber algo mal en él que no le permite escalar el árbol, y ahora cuando el profesor le pide que vuelva intentarlo el recuerdo de todos esos fracasos lo hace sentirse tan mal que se bloquea para no sufrir más por lo mismo. 

 

Si después del apoyo extra tu hijo aún no logra alcanzar los resultados esperados, tal vez se encuentre en la situación del pingüino 🐧, para estos casos lo más recomendable es tenerle mucha paciencia y darle aún más cariño para que poco a poco, con cada tema dominado, pueda ir recuperando su autoestima. O, de ser necesario, buscar apoyo con un psicoterapeuta. 

 

3. Actitudes hacia las matemáticas 😒.

 

El caso del potrillo es algo parecido al del pingüino. Él también intentó e intentó trepar el árbol mientras el profesor ayudaba a los demás, él también se sintió triste por no poder hacerlo y por ver a sus compañeros triunfar en donde él fracasó pero, a diferencia del pingüino, él no creyó que hubiera algo mal en él, no, lo que está mal, pensó, son esos ejercicios que no sirven para nada y el profesor que nada más no sabe explicar. Así que cuando el profesor logró ayudar al pingüino a recuperar su autoestima y llegó con el potrillo se topó ahora únicamente con relinchos que interrumpían constantemente su explicación. 

 

Si tu hija o hijo se encuentran en la situación del potrillo 🐴, además de paciencia, cariño y apoyo psicoterapéutico quizá sea necesario establecer límites claros y mostrarle con ejemplos relacionados con sus áreas de interés lo importantes que son las matemáticas para su futuro. 



4. Trastornos del aprendizaje 🤯.

 

Para ayudar al elefante el profesor únicamente necesitó explicar cómo alcanzar la cima con su larga trompa. Para el pingüino diseñó un sistema de toboganes dentro de los que él pudiera deslizarse hasta la rama más alta. Y para el potrillo construyó una rampa alrededor del tronco por donde él podía correr tan velozmente que terminó llegando al objetivo aún más rápido que el propio mono. Pero al llegar con el pececillo el profesor comprendió que la única forma en la que él podría alcanzar la meta sería sumergiendo por completo el árbol bajo el agua. 

 

Si ya has considerado cada uno de los casos anteriores y aplicado las recomendaciones y tu hijo o hija aún no logra avanzar en sus objetivos, quizá sea momento de evaluar si su situación puede parecerse a la del pececillo 🐠 y pueda padecer algún trastorno del aprendizaje. Algunos indicadores a los que tenemos que estar atentos son: 

 

    • Una brecha entre sus resultados en matemáticas y otras asignaturas. Este es uno de los indicadores más evidentes pues si un alumno tiene buenas calificaciones en todas sus asignaturas mientras que en matemáticas no, está claro que hay algún problema específico con esta área del conocimiento. 
    • Frustración con juegos o actividades lúdicas que requieren mantener una puntuación o aplicar estrategias numéricas. 
    • Dificultad para recordar números como direcciones o teléfonos. 
    • Desafíos en cuestiones de dinero, como calcular el cambio o si con el dinero que tiene puede comprar algo. 
    • Problemas para calcular distancias o estimar lapsos de tiempo. 
    • Incapacidad para identificar la derecha o la izquierda. 
    • Dificultad para identificar figuras geométricas básicas con ligeros cambios en ángulos o tamaños. 

Si tu hija o hijo presentan algunas de las dificultades anteriores es muy probable que tenga discalculia o dificultad en el aprendizaje de las matemáticas (DAM), por lo que lo mejor para él o ella será solicitar un diagnóstico de un profesional de la salud así como estrategias pertinentes para su caso específico. 

 

De las breves historias del elefante 🐘, el pingüino 🐧, el potrillo 🐴 y el pececillo 🐠 podemos concluir que lo más importante siempre será el que tú, como padre o madre de familia, estés abierto y atento a lo que tu hijo te está intentando decir con cada comentario, gesto o actitud hacia el aprendizaje; que la paciencia, el cariño, los límites bien definidos y los ejemplos relacionados con los intereses de tu hijo siempre son de ayuda; y que, si las dificultades son persistentes lo mejor que podemos hacer es consultar con profesionales de la educación y la salud para encontrar el mejor camino posible

 

Referencias: